Mi tótem

 

Su búsqueda me paraliza,

mi disposición a conseguirla

me hace sufrir tanto.

Pero continúo, ¿qué más puedo hacer?

Es la máquina que me pone a funcionar.

 

Siempre una sensación nueva, o un poco más intensa.

O todo muy colorido o todo monocolor.

El suspiro más profundo o la taquicardia más asfixiante.

El desconsolado llanto, la descontrolada risa.

Un encierro voluntario más largo que el asedio a los troyanos.

Soy amiga de extremos, porque solo en los límites he podido rozarlo.

Un limbo constante en la incertidumbre,

pues lo que ya se sabe es demasiado terrenal,

lo desconocido es mi verdadero paraíso.

 

Un lucha constante conmigo,

siempre sintiéndome un boceto,

un borrador en una versión

anterior a algo mucho mejor.

 

Y si son mis sueños mis cadenas,

soy una presa confesa arrepentida

de ser como soy.

totem

Yo creía que no hay comida ni bebida tan nutritivas como la ambición.

Pero mi animal interior está muriendo.

Se ha desnutrido de glorias que nunca se narran,

de historias heroicas que nunca le interesaron.

Pobre tótem, marchito y dañado porque nunca me satisfizo.

Y ahora, instantes antes de la expiración,

se que me mira con compasión.

Esta pobre chica nunca entendió

que la búsqueda de la perfección

es una enfermedad, una adicción

inyectada por alguien que,

cuando debía cuidarla, le dijo que

todavía no era suficiente para su amor.

Galicia é

 

Pra min Galicia é

non ter palabras, nin bágoas,

nin un mínimo aceno da faciana

que poda explicar

o que Galicia é.

 

Unha forma de ser con lingua propia,

con lugares únicos, con soños

tinguidos dunha esperanza pesarosa.

 

Onde os campos se tinguen de fermosas casas,

con centos de contos de familias

que un día foron un cento.

 

Pra min Galicia é  un lugar de nacemento de soños,

de xenios,  de longos outonos.

 

Da longa negrura das noites de inverno

nace o carácter pechado

que se espalla nun mesmo.

 

A constante espera dun día de sol,

a resignada benvida da chuvia,

o acougado saúdo ao solpor.

 

A confianza na desconfianza,

a xenialidade vestida de retranca

a importancia da familia

ó redor dunha mesa de comida.

 

Pra min Galicia é nostalxia,

unha pena omnipresente porque

algún día deixarás de vela.

 

Mais eu deixo de sentila cando penso que,

cos pes por diante, voltareia á terra

sendo xa parte dela.

 

E así é como todos os galegos

somos Galicia.

 

E cando unha branca brétema,

abrolle da terra

con feitura humana,

¡serei eu a Santa Compaña!

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Pensamientos de emigrante

Desde que vivo en el extranjero ha surgido en mi interior un orgullo patriótico muy impropio de mi. Al principio, cuando me sorprendía pensando en estos asuntos, me asustaba ligeramente. Intentaba restarle importancia, creyendo que mis sentimientos de nostalgia ensalzaban mi visión de España al extremo de la cuasiutopía. Pero ahora creo que no es una “vena” patriótica al estilo fanático derechil que todos hemos viso alguna vez, sino que ha ido germinando paulatinamente en mi mente cada vez que he dedicado un minuto a reflexionar y contrastar ambos países. El país de comparación es uno del norte de Europa. No importa cuál, pues creo que todo servirían como referencia para mis reflexiones.

En primer lugar, los bares. Los españoles somos animales de bares. En cualquier modalidad de servicio de hostelería, se aprecia visiblemente quién controla el asunto. Esa manera de colgar el codo en la barra, mientras ponemos el otro brazo en jarra mirando alrededor y buscando contacto visual. Con este acto reflejo, esperamos encontrar al compañero de turno que nos pregunte qué tal el día y luego ya, enganchamos  conversación. Esto último, evidentemente, no pasa en mi país de residencia actual. Pero aun no teniendo interlocutor, nos sentimos los putos jefes del local. Es una gracia natural la que tenemos cuando nos sentamos rodeando una mesa, agarramos nuestro vaso y lo bebemos. Es un estilo curtido filogeneticamente, y nadie nos supera.

Pero no solo eso,  es que nosotros tenemos gracia. El duende. Porque entramos gritando en los sitios (sí, nuestro tono de voz es un poquito más alto, eso se lo concedo a Chris Haslam), pero nadie se asusta porque lo hacemos con una sonrisa en los labios. Abiertos, francos, mirando a los ojos de forma natural. Que todo el mundo nos pueda oír, porque no tenemos problema en hablar ni con las macetas.

Somos flexibles. Aunque el profundo respeto a los horarios establecidos en estos países conlleva valiosas ventajas (más concentración de tareas, el mensaje de que la jornada laboral tiene un final claro cada día), también es de agradecer que algún día alguien te dedica diez minutos o media hora más de su tiempo. Nosotros lo hacemos, porque NO PASA NADA.

Los deportes. En general, nuestro estilo es francamente mejor. Sí señor.  Y, además, cualquier deporte. Tenis,  fútbol, baloncesto, voleibol, ciclismo. Aunque probablemente nunca los hemos practicado,  hemos viso horas y horas de estos deportes practicados por los mejores de mundo. Y esos mejores, (¡qué causalidad!) son españoles. Rafa Nadal, la selección Española de fútbol y baloncesto, Pau Gasol, Contador, Maneu Roca. No necesitamos mil horas de preparación un  fin de semana tras otro en un estadio de deportes para atrevernos a practicar alguno de estos deportes.

Y luego está todo lo demás. La comida, la forma de (des)aprovechar el tiempo, las  amistades surgidas fácilmente, los abrazos, el contacto humano, la música, el baile.

Y no tendremos tanto dinero, pero en la alegría de vivir no hay quien nos gane.imagen entrada